1. El Cristianismo

 

 

El cristianismo es la religión de los que creen que Jesucristo es el hijo de Dios, muerto y resucitado, que vino a anunciar a los hombres la buena noticia de la salvación. Tiene su fundamento en las palabras, la enseñanza, los gestos, la manera de ser y la vida de Jesucristo, reconocido como verdadero hombre y verdadero Dios. Él es la revelación del amor de Dios en persona, amándonos hasta el extremo.

El cristianismo no viene de un profeta, sino del mismo Dios hecho hombre. Es la religión de una persona, no de un libro; más que una doctrina es el seguimiento en la fe y en la entrega a la persona de Jesús de Nazaret. En él se cumplen todas las profecías del Antiguo Testamento sobre la llegada del Mesías. Él es la plenitud de la revelación, el único Salvador de toda la humanidad. El cristianismo como experiencia de una comunidad de creyentes que siguen e imitan a Jesucristo, se realiza en la historia dentro de la Iglesia.

Los cristianos son aproximadamente unos 2.100 millones en todo el mundo, de los cuales los católicos siguen siendo la mayoría y los pentecostales son quienes experimentan un mayor crecimiento (400 millones) en las últimas décadas.

Contexto histórico

El cristianismo nace con la primera comunidad cristiana (s. I), cuyos comienzos se relatan en el libro de Los Hechos. Las primeras comunidades descubren la presencia de Jesús resucitado especialmente en "la Palabra" y en "la fracción del pan".

Desde el Pentecostés del año 30 (día de la efusión del Espíritu) se multiplicaron las conversiones entre judíos, palestinos y extranjeros presentes en Jerusalén. Debido a las persecuciones y a los viajes de Pablo y de los apóstoles, treinta años más tarde se habían creado comunidades cristianas en Judea, Samaría, Siria, Macedonia, Grecia, Egipto y Roma, donde Pedro y Pablo fueron ejecutados en el año 65.

Hasta la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70, los cristianos seguían la liturgia judía del templo. El Concilio judío de Yamnia (85) marca la ruptura de la Iglesia naciente con el judaísmo. Con una diversidad de iglesias locales se constituye

ya una única Iglesia de Jesucristo.

Desde la época del emperador Nerón (año 60) la Iglesia se extiende y estructura dentro del Imperio Romano, pero al mismo tiempo es brutalmente perseguida y despreciada, con una larga lista de mártires que dan la vida por su fe en Jesucristo.

El obispo de Roma, Clemente (90-100) unifica el culto (Liturgia) e instituye los servicios y ministerios en las comunidades.

Con Constantino, el Imperio Romano comienza por conceder libertad de culto a los cristianos (Edicto de Milán, 313), y con Teodosio se va imponiendo como religión oficial del Imperio.

La inculturación del cristianismo en la cultura greco-romana y el diálogo con las filosofías dominantes, generó varias herejías dentro de la misma Iglesia. La mayoría de estas corrientes generaban acalorados debates en torno a la humanidad y divinidad de Jesucristo, o en torno a la dificultad en mantener el monoteísmo al lado de la Trinidad (un solo Dios - tres personas).

Los Concilios ecuménicos, que involucraban a todos los obispos de las Iglesias existentes, definieron los primeros dogmas de la fe, frente a las herejías.

Las invasiones bárbaras rompen la unidad del Imperio Romano, y también la Iglesia queda dividida entre el Occidente latinizado y el Oriente griego, entre Roma y Bizancio. En Occidente, tras una etapa de pánico y destrucción, la Iglesia latina logra asimilar a los invasores y convertirlos en nuevos protectores suyos. En el año 800 el Papa corona a Carlomagno como emperador de occidente; esto marca la alianza entre el poder temporal y la Iglesia, la sociedad tiene dos cabezas: el papa y el emperador.

Grandes pensadores como Agustín de Hipona, Tomás de Aquino y otros, harán una monumental obra de síntesis entre la fe cristiana y la filosofía.

En el año 1054 se da la ruptura definitiva con la Iglesia oriental de Bizancio (Iglesia Ortodoxa), Los factores de división aparecen también en Occidente, con la presencia de dos o hasta más Papas rivales entre sí (el cisma de Occidente). Los príncipes, los reyes, y especialmente los filósofos y la burguesía buscan evitar la tutela de la Iglesia. Con la "protesta" de Lutero (1517) nace la Reforma Protestante, creando una nueva gran división entre las Iglesias. El Concilio de Trento (1545) generó un movimiento de reforma y de renovación de la Iglesia católica, frente a la crisis de los siglos anteriores. En los siglos posteriores, especialmente con la llegada del Iluminismo y de la Era Moderna, después de la Revolución Francesa (1789), el endurecimiento y la posición defensiva ante "el mundo" marcó una forma de vivir la fe cristiana, que se abrirá recién en el siglo XX, con el acontecimiento profético del Concilio Vaticano II (1962-1965), convocado por el beato Juan XXIII, y concluido bajo el pontificado de Pablo VI.

Actualmente, el movimiento ecuménico se esfuerza por lograr la unidad entre los cristianos en fidelidad a Jesucristo, que oró: "Padre, que todos sean uno...".

 

Doctrina

La fe cristiana se fundamenta en la Biblia y en la Tradición apostólica, se apoya en una persona-acontecimiento: Jesucristo. Él es la verdadera imagen de Dios, un Dios que ama la vida y a los seres humanos, con el amor apasionado de quien lo da todo, incluso a sí mismo. Su amor no depende de la reciprocidad de los que ama, sino de su libre decisión. Esto lo llevó a asumir toda nuestra humanidad (Encarnación). Entregó su vida en la cruz (Muerte) y resucitó al tercer día (Resurrección). Este núcleo fundamental (Kerigma) es obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, un solo Dios en tres personas (Trinidad). Quien se une a este Dios tiene que tomarse la vida, la historia y la humanidad muy en serio... Su única ley (que resume a todas las demás) será el Amor. La fe cristiana se contiene en el símbolo de los Apóstoles (Credo):

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna.

 

Palabras Claves

*Iglesia: El término griego ekklesia (= convocación) tiene en el período clásico el significado de asamblea de ciudadanos. En el helenismo de la diáspora (s. III a.C.) se aplicó a los judíos congregados en la sinagoga. En el Nuevo Testamento se usa ya para designar al cuerpo de cristianos de todo el mundo (Mt 16,8) o a los cristianos de una zona particular (He 5,11). La Iglesia se entiende a sí misma como la comunidad de los convocados por Jesucristo.

 

*Liturgia:

Se denomina liturgia a la forma con que se llevan a cabo las celebraciones. Es una palabra proveniente del griego leitourgía (=acción del pueblo). Con esta palabra, los primeros cristianos se referían, no al sacrificio de los judíos en el templo, sino al único sacrificio de Jesucristo y a la Eucaristía, que es la principal celebración.

Con el tiempo, se establecieron formas distintas de liturgia, cada una con sus distintos ritos. La liturgia de Roma prevaleció en casi todas las Iglesias locales de Occidente; mientras que en Oriente, ya antes de la separación de Roma, se celebraba con un rito propio.

Los Sacramentos son celebraciones o acciones sagradas donde el creyente recibe la salvación realizada por Cristo. Los Sacramentos para la Iglesia Católica son siete: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Reconciliación, Unción de los enfermos, Orden sacerdotal y Matrimonio. Los primeros tres, llamados Sacramentos de iniciación, son reconocidos por todas las Iglesias cristianas.

 

*Concilio ecuménico:

Un concilio ecuménico es una asamblea eclesial en la que el Papa convoca a todos los obispos para reconocer la verdad en materia de doctrina o de práctica y proclamarla. Para la validez de sus acuerdos es preciso el aval del Papa. El término concilio proviene del latín concilium, que significa "asamblea". Ecuménico, proviene del griego oikoumene, que significa "mundo habitado". El más antiguo Concilio fue convocado por san Pedro, en Jerusalén, hacia el año 50 y relevó a los paganos convertidos al cristianismo de las observancias judaicas. Los siguientes son numerados del 1 al 21 y se dividen en dos grupos: griegos y latinos, según hayan tenido lugar en Oriente u Occidente. El último Concilio ecuménico fue el Vaticano II, celebrado en Roma desde 1962 a 1965. Fue convocado por el beato Juan XXIII y culminado por el papa Pablo VI.

 

B. Diálogo entre cristianos

El Movimiento Ecuménico

 

El término "ecumenismo" se refiere al movimiento de "re-unión" entre las Iglesias Cristianas. El ecumenismo proclama la Iglesia única y universal de Jesucristo, en la cual todos sus miembros están unidos mediante el amor del Dios uno y trino. "El ecumenismo es una actitud de la mente y del corazón que nos mueve a mirar a nuestros hermanos cristianos con respeto, comprensión y esperanza" (Meyer).

En 1910 se realiza la Conferencia Misionera Mundial en Edimburgo, considerada como el punto de partida oficial del movimiento ecuménico cristiano. Se crea entonces un Comité de Continuación del que surgiría posteriormente el Consejo Misionero Internacional. A la Conferencia Vida y Acción (en 1920), acuden delegados de la jerarquía ortodoxa.

En Utrech, en 1938, se funda el "Consejo Mundial de Iglesias" (CMI), aunque su estatuto, provisorio a causa de la Segunda Guerra Mundial, no fue adoptado hasta la asamblea de Amsterdam, en 1948. El Consejo se definió no como una "Iglesia mundial", sino como una "comunidad de Iglesias que reconocen a Cristo como Dios y Salvador". Desde su fundación se han establecido 7 asambleas generales: Amsterdam (1948); Evanston (1954); Nueva Delhi (1961); Upsala (1968); Nairobi (1975); Vancouver (1983) y Canberra (1991).

En cuanto a la Iglesia Católica, con Juan XXIII comenzó un cambio de actitud que siguió con Pablo VI, dando pasos concretos y asumiendo una conciencia nueva en el Concilio Vaticano II.

El gran paso fue la creación del Secretariado para la Unión de los Cristianos (1960) con el card. Agustín Bea a la cabeza, pasando en 1961 a participar en la conferencia de Nueva Delhi y llegar en 1964 a la promulgación del decreto "Unitatis redintegratio", documento del Concilio Vaticano II dedicado enteramente al Ecumenismo. En 1995, Juan Pablo II publica la Carta Encíclica "Ut unum sint", en la cual se alienta a la unión de las iglesias cristianas mediante la fraternidad y la solidaridad al servicio de la humanidad.

 

 

El Concilio Vaticano II fue un concilio ecuménico de la Iglesia Católica siendo uno de los eventos históricos que marcaron el siglo XX. Fue convocado por el papa Juan XXIII, quien lo anunció en enero de 1959. "Quiero abrir las ventanas de la Iglesia para que podamos ver hacia afuera y que de afuera puedan ver hacia el interior". Invitó a otras Iglesias a enviar observadores al Concilio, lo que fue aceptado tanto por Iglesias Protestantes como Ortodoxas.

El Concilio constó de cuatro sesiones, siendo la primera de ellas presidida por el mismo Papa en el otoño de 1962. Él no pudo concluir este Concilio ya que falleció un año después (el 3 de junio de 1963). Las otras tres etapas fueron convocadas y presididas por su sucesor, el papa Pablo VI, hasta su clausura en 1965.

Ha sido el Concilio más representativo de todos, con la asistencia de unos 2.000 padres conciliares procedentes de todas las partes del mundo y de una gran diversidad de lenguas y culturas.

El Concilio se convocó principalmente con una finalidad pastoral, para adaptar la vida eclesial a las necesidades y métodos de nuestro tiempo. Se quiso que fuera un
"aggiornamento"
o puesta al día de la Iglesia, buscando una apertura dialogante con el mundo moderno, y actualizando la vida de la Iglesia sin definir ningún dogma, incluso con nuevo lenguaje conciliatorio frente a problemas actuales y antiguos.

 

La Profecía del Hermano Roger

 

Durante la Segunda Guerra Mundial, Roger Schultz (que había nacido en Suiza en 1915) descubrió su vocación por la búsqueda de la unión de los cristianos, y fundó un monasterio ecuménico en la colina de Taizé (Francia), para vivir la acogida, la paz, la reconciliación y el perdón. Todo se vio cumplido y todo lo consumó con su muerte violenta en 2005. Roger de Taizé era un amigo de Dios, un testigo vivo, un profeta del ecumenismo, que abrió un camino de reconciliación para las Iglesias. El papa Juan XXIII lo invitó como observador al Concilio Vaticano II, y el papa Pablo VI y todos sus sucesores le tuvieron gran estima. En 1983, en un momento en que las cosas estaban muy mal entre Rusia y los países occidentales, dijo: "Tenemos que hacer algo". Eligió a varios niños de diversas etnias y visitó con ellos a los embajadores de Estados Unidos y Rusia. No sólo visitaba a los poderosos en demanda de paz, sino a los perseguidos, para confortarlos en las tribulaciones y así lo hizo varias veces con comunidades cristianas de los países del este de Europa. Desde la fidelidad a la propia fe evangélica, vivió la fraternidad profunda y el amor a todas las Iglesias. Los jóvenes fueron una de las pasiones de Roger Schulz, con el inolvidable Concilio de los Jóvenes. El hno. Roger creía que en ellos, que no comprenden las divisiones cristianas, están las más grandes posibilidades de acabar seriamente con esta división.

 

 

Atenágoras I, Patriarca Ecuménico

 

El Patriarca Ecuménico Atenágoras I nació en 1896 y murió en Estambul, en 1972. Fue nombrado Patriarca de Constantinopla, de la Iglesia Ortodoxa, en 1948. En el año 1964 se encontró con el Papa Pablo VI en Jerusalén, siendo el primer encuentro entre los primados de ambas Iglesias desde el año 1439. A raíz de este encuentro se acordó en 1965 la revocación de los decretos de excomunión mutua de 1054 y que darían lugar al Cisma de Oriente. Posteriormente, en 1967, Pablo VI y Atenágoras I volvieron a reunirse en Estambul y el Vaticano.

Después de tantos años de división, el Patriarca Atenágoras fue el primero en utilizar nuevamente la expresión "Iglesias hermanas". Acogiendo los gestos fraternos y la llamada a la unidad a él dirigidos por Juan XXIII, expresó a menudo en sus cartas el auspicio de ver pronto restablecida la unidad entre las Iglesias hermanas.

El Concilio Vaticano II usó también la expresión "Iglesias hermanas" para calificar la relación fraterna entre las Iglesias particulares: "…existen en Oriente muchas iglesias particulares o locales, entre las cuales ocupan el primer lugar las iglesias patriarcales... por este motivo ha prevalecido y prevalece entre los orientales la diligencia y el cuidado de conservar en la comunión de la fe y de la caridad aquellas relaciones fraternas, que deben observarse entre las iglesias locales como entre hermanas".