Don Oreste Benzi

 

 

El "escarabajo  
de Dios"

El 2 de noviembre de 2007 moría el cura italiano don Oreste Benzi, fundador de la "Asociación Juan XXIII". Fue un cura "escandaloso" que llevó el evangelio a la calle, y a los lugares de vida nocturna, entre las personas que ejercían la prostitución.

El cura Benzi nació en 1925 en la ciudad de Rimini; como sacerdote, se dedicó por largos años a los jóvenes. Con su alegría contagiosa buscaba llevarlos a "un encuentro simpático con Cristo". Escribirá más tarde: "Entre los 12 y 15 años la muchachada descubre a Dios. La adolescencia es una tierra virgen, abierta a quien quiera conquistarla. Es en esta edad que se forman los valores que llegarán a ser para ellos definitivos. Y sin embargo los adolescentes en la sociedad de hoy son los más pobres, los más abandonados". La pasión por los jóvenes lo llevó a recorrer las discotecas para hablar con ellos. Fue el encuentro con jóvenes enfermos síquicos que lo convenció a abrir la primera casa-hogar de la "Asociación Juan XXIII" en 1972. Después fue el turno de los jóvenes drogadictos, y finalmente el drama de la prostitución. Con su sotana negra y en compañía de algunos voluntarios, se paseaba por las noches con una furgoneta para hablar con esas mujeres paradas en la calle. Estaba convencido que para la mayoría de ellas no era una elección libre. Estas mujeres, muchas de ellas jovencitas, llegaban en general de los países del este europeo, de África y también de América Latina, atraídas por la perspectiva de un trabajo y ya en el viaje eran vendidas al mejor postor. Al llegar se les secuestraba los documentos y ya no podían huir; así empezaba una dura esclavitud que les prohibía hasta enfermarse o quedar embarazadas. Don Oreste se acerca a estas mujeres, les ofrece hospitalidad y documentos, les deja el número de teléfono cuando lo rechazan, las invita a rezar, les regala un rosario. De esta forma don Oreste con sus voluntarios y sus casas-hogar, logró recuperar a 6.000 mujeres; les consiguió documentos, permiso de estadía y asistencia legal. Muchas han encontrado un trabajo digno y se han hecho una familia.

"Ninguna mujer nace prostituta o elige serlo, sin una razón dramática o sin que alguien la obligue. Hoy se ha llegado a hablar de "trabajadoras sexuales" como de una profesión; es una locura. Es simplemente un delito contra la dignidad de las personas. He visto en ellas una desesperada búsqueda de ayuda, el terror de tener que entregar determinada suma de dinero bajo pena de ser torturadas. Para estas chicas la vida se apaga antes de los 20 años".

Don Benzi lanzó un dramático llamado a las 26 mil parroquias italianas, para que cada una se hiciera cargo de encontrarle un trabajo a una de estas chicas recuperadas. Hoy hay más de 20 grupos que desde la Asociación van por la noche a recorrer las calles en nombre de don Benzi. El cura escribió un libro antes de morir: "Las prostitutas nos precederán en el Reino", donde hace memoria del grito bíblico y le pregunta a toda la sociedad: "¿Qué has hecho de tu hermana?". Don Benzi se presentó a Juan Pablo II en una audiencia pública con Anny, una de estas chicas recuperadas y ella le dijo al Papa con su lenguaje rudo: "Santidad, la vida de la calle es dura, asquerosa. Yo estoy enferma. Santidad, hay chicas jóvenes, hasta niñas en los burdeles. Ayúdanos". Y el Papa le puso la mano sobre la cabeza con cariño. Al poco tiempo la mujer murió de sida.

La obra de don Benzi se abrió paulatinamente a todos los que él llamaba "los últimos"; es decir "en los que nadie piensa y si se piensa, se piensa mal". Solía decir: "Dios y los pobres son el carburante de mi vida". A sus casas, que ahora son unas 260 en 27 países de los cinco continentes, las llamó casas-hogar. Quería que minusválidos, ancianos abandonados, chicos de la calle, drogadictos (son 40 las casas para su tratamiento terapéutico), ex presos, vagabundos, alcohólicos, enfermos de sida, los que son la resaca de la sociedad y a la vez los privilegiados del evangelio, encontraran una verdadera familia a la que tenían derecho. Estas personas, muchas veces recogidas en las estaciones ferroviarias, encontraban allí techo, comida y cama y sobre todo la presencia de un matrimonio voluntario y una familia que los hospedaba con cariño. Los voluntarios que se han consagrado en forma permanente a esta tarea en nombre de Cristo son unos 1.300 y tienen como tarea la de compartir y crear un clima familiar. "Hay que dar una familia al que no la tiene", era el lema de don Benzi. Cuestionaba los institutos y asilos para niños y ancianos: "Dios ha creado la familia y los hombres han creado los institutos; hay que vaciar a los institutos. Los niños sin familia son los más pobres entre los pobres. Los asilos para ancianos son plagas sociales. Los ancianos, y así también los minusválidos, los enfermos de sida y los enfermos terminales, deben ser amparados por sus familias o acogidos por familias sustitutas; y esto por un deber de justicia". En sus casas exigía que se viviera de lo estrictamente necesario para "devolver" a los pobres lo que, debido a mecanismos de injusticia, recibimos de más. No predicó la limosna o la asistencia, sino la solidaridad. Su lema era: "No por ellos, sino con ellos. Si uno te pide un pedazo de pan, no le des el pedazo de pan diciendo: Vete en paz. Por el contrario, dile: Ven, comamos juntos este pedazo de pan a mi mesa. Si alguien no tiene familia, recíbelo en la tuya y con él entrará también Dios en tu casa".

Don Benzi luchó por promover leyes contra el mercado de la prostitución, a favor de los inmigrantes, para la recuperación de los drogadictos. Apoyó la ocupación de viviendas todavía no terminadas por parte de gente sin techo, participó en el bloqueo de una carretera en contra de los accidentes de tránsito, escribió al Presidente de la República para pedir un Ministerio de la Paz contra los gastos militares excesivos y en favor de la ayuda al Tercer Mundo. Su caridad no tenía fronteras y su coraje no tenía límites, aunque amenazado de muerte por las mafias. En su libro "Con esta sotana descosida", Don Benzi escribió: "Solidaridad no es tan solo compartir. Hay que remover las causas de la marginación. No se puede dar de comer al hambriento e ir del brazo del que lo explota. La Iglesia debe pasar de la asistencia y el servicio, a la solidaridad y a la lucha por la justicia. Debe dejar los palacios y vivir junto a los pobres compartiendo su vida y sus luchas. Nadie hoy en el mundo opulento tiene las manos limpias frente a los pobres. Si no roba directamente, participa de los bienes robados. Esta sociedad acepta a los santos de la caridad, porque no cuestionan los mecanismos perversos que hay en ella, pero rechaza a los mártires de la justicia". La audacia le venía a Benzi de su oración constante ("Para mantenerse de pié, hay que quedarse mucho tiempo de rodillas", decía), de su amor a la Palabra de Dios y a la Eucaristía; en todas sus casas se hace la Adoración Eucarística diaria. Cuando un cardenal se animó a decirle que era un santo, él lo miró fijamente, y le dijo: "Yo soy tan solo un escarabajo de Dios".

Primo Corbelli