¿Cero Pozo? Sí, varios después de la lluvia

Encuesta mediante, la actual administración municipal llegó a dos conclusiones: (1) nuestras calles, tan llenas de pozos, se nos habían vuelto insoportables y (2), había que tapar esos pozos lo antes posible.

Se realizaron las gestiones y tramitaciones del caso y, al poco tiempo, el temor generalizado a una esguince de tobillo o a una rotura de amortiguadores, pareció evaporarse en el aire. Se podía andar por las calles -¡qué increíble!- sin mirar las calles. Un milagro llamado «cero pozo» se había materializado ante nuestros ojos incrédulos.

Hasta que un día nos desayunamos con que el tal milagro era intermitente: aparecía y desaparecía, hoy era cierto, mañana no; y descubrimos que ese extraño fenómeno estaba relacionado con las lluvias; luego de ellas, el maldito pasado retornaba y, unos cuantos días después, el paraíso del camino liso volvía a extenderse debajo de nuestro pies.

Así fue que nos acostumbramos a circular por una ciudad donde pasar del cero al infinito es cuestión de un ratito, y donde pasar del infinito al cero es cuestión de una ratazo.

Y entonces fuimos nosotros los que llegamos a dos conclusiones: (1) la actual administración municipal emparchó la situación, porque (2) tapar con tosca fue una tosca solución.