Cabrera y Viglietti colmaron

Hacía tiempo que no veía a cerca de 650 personas paradas aplaudir a dos artistas que no hacen «música de estadio». Tal vez más atrás me tendría que remontar para recordar a Fernando Cabrera, por cierto un brillante cantautor, quebrar ese extraño pacto íntimo de no sonreírse bajo ningún concepto; lo hizo sólo cuando juntó sus manos a las de Daniel Viglietti para dar por concluído un recital al que no le faltó nada para quedar vivo en la memoria de los presentes.

Extensos repertorios

No bien solucionados los problemas de disposición de las sillas, de los que estábamos ubicados en primera fila, pudimos comenzar a disfrutar de Fernando Cabrera, mientras recorría temas de sus distintas épocas. «Yo quería ser como vos» y «El tiempo está después» pasaron, entre otros tantos, para luego cerrar con «La Casa de al lado», música de la película «El Dirigible».

Por su lado, Daniel Viglietti, quien venía de sufrir un leve quebranto de salud, inundó el gimnasio del Country Club de Lagomar con su voz, que permanece increíblemente intacta. Los muchos que esperaban de él «A desalambrar» y no tuvieron la suerte de escucharla se vieron recompensados con otras excelentes interpretaciones.

Luego de volver al escenario, ante el pedido del público, cantó una canción y sin más vueltas anunció («para no andar bajando y subiendo escaleras») que restaban dos últimos temas. Cuando llegó la despedida invitó a Cabrera a cantar juntos «Llamarada»; «casi un ensayo», explicó Viglietti, que no se tradujo para nada en la combinación que entablaron. Fue un gusto para éste último, ya que tuvo la oportunidad de cantar con su «maestro», como llama al autor de «Canciones para el hombre nuevo». En definitiva, el placer fue todo nuestro.